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No
he hecho referencia a los pasajeros: la mayoría eran emigrantes ilegales de
Ghana; Nigeria; Camerún y otros países de por aquí, con el sueño de meterse
en Libia y de allá pasar a Italia. |
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Los
negros tienen la costumbre de llamar hermano a todo el mundo pero lo que se ve
por acá es algo más perro que considerarse hermanos. A todos estos que venían
sin papeles, nadie les echa para atrás, pero en cada puesto de control, los
policías y los gendarmes les
limpian los bolsillos. A la salida de Agadez dijo un gendarme con gesto chulesco
que todo el mundo se pusiera en fila; luego cada individuo de la fila le tenía que entregar 10000
francos para tener las cosas en orden. |
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Como
yo estaba mirando para arriba sin ponerme en la fila, el poli vino a pedirme el
pasaporte con la esperanza de que no tuviera todo en regla. Luego me hizo un
gesto con la mano de que le diera dinero pero como yo tenía unas gafas de sol
puestas, es fácil hacerse el orejas.
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Le
dije mientras tanto algo para cambiar de tema "vaya viento que sopla en
esta zona, hermano; siempre sopla así?" ("hermano" no me parece la
manera más apropiada de dirigirse a un policía, pero donde fueres, haz lo que
vieres!) |
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A
la llegada a Dirkú, el pueblo más grande de aquel oasis, había otra parada en
el puesto de policía y otra en el puesto de gendarmería, con precio estipulado de 10000 y
5000 en cada puesto, para todos los ilegales. A mí
también me pidieron tímidamente, pero poco a poco, cambiando de tema... Mucho
más fácil zafarse de los policías corruptos en Níger que en Chad: en todo
hay niveles. |
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Os
presento a uno de los negros que habían llegado a ese oasis tratando de
alcanzar Libia. Era un tipo con mucho sentido del humor. Hace meses que me he
dado cuenta de que me gusta una cosa de los africanos: tienen sentido del humor. Este tipo buscando el norte, tenía una manera de reírse de
sí mismo en aquella situación de empujar la carretilla de agua, que te ponía
a reír aunque no quisieras. |
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Después
de que los polis del puesto de Dirkú les dejaran del todo limpios, los
infelices venden la ropa que lleven de repuesto y la policía les pone trabajando para sacarles luego el
dinero con el que seguir. El trabajo consistía en la venta ambulante de
bolsitas de agua fría para beber: unas cinco pesetas la bolsa. De esa forma sacaban unos 15 - 20 Eur / mes; y en tres o
cuatro meses tenían como para pagar el trayecto en algún camión del convoy de
contrabando de tabaco hasta la primera ciudad libia, unos 800 Km más allá. Y
una vez allí, a buscarse la vida otra vez. |
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Con ese sueldazo no se pueden permitir muchos
gastos y allá el teléfono es caro: solo hay teléfono por satélite. Alguno me dijo que
llevaba 6 meses sin llamar a su familia y suponía que su mujer y sus
hijos ya le daban por muerto. |
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Si
no era en el convoy de contrabando, de acuerdo con los policías de frontera del
otro lado, entrar en Libia era imposible. También pasaba por allí, de vez en
cuando, algún
Toyota pick-up cargado de chavalillas de Nigeria para nutrir los burdeles libios. No sé qué les contarían a las chicas o a sus familias antes de
hacer ese viaje. Seguramente "te vamos a ayudar, hermana". |
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Suerte a los desgraciados que trataban de subir. Por todo lo
que me contó allá todo el que había estado, Libia es bastante peor. Allá no se respeta tanto al
hermano negro.
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