Crónica de un viaje sin planificar: Una vuelta por África

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Níger

En el auto de Papá; nos iremos a pasear

Yaundé, 24.08.2004

  Disculpad que las primeras fotos de Níger son ya de bien adentrado en el desierto porque se me fastidió la primera tarjeta de memoria con un montón de fotos. Al perder fotos, a uno le parece luego que había algunas como para portada de revista, pero con lo que me queda ya vamos a hacernos una idea. 

 

  En Níger, el asfalto llega hasta la ciudad de Agadez. La manera más rápida de llegar no es en coche ni en furgoneta masificada: La manera más rápida es el autobús de la compañía estatal: No se tiene que detener en los puestos de policía para pagar un sobornito; lleva un militar con fusil para-porsi los bandoleros tuareg del norte... Y el conductor lleva el descacharrado bus por la savana como si fuera a los mandos de un kaza. 1100Km en menos de 12 horas.  
  Agadez ya está claramente dentro del desierto. A partir de allá el transporte es otra cosa.

Existe un oasis a unos 700Km en dirección a la frontera libia. Aunque la única manera de llegar, si no tienes un Toyota, es un camión como el de la foto del principio (yep, era un camión). 

 
  En esta época había al menos un camión cada semana y el trayecto cuesta entre tres y ocho días. Y si te montas, mejor que te guste porque no te puedes bajar en medio del desierto y volver haciendo autostop. En el oasis hay que esperar a que aparezca otro camión de vuelta o que baje desde Libia.  
  Salvo averías (este pinchazo lo cuento en la media de reventones por mes -observad la rueda de repuesto) el camión viajará de noche porque con los 10-20Km/h que alcanza por la arena y el calor del día, el motor se calienta demasiado a partir de las 9 o 10 de la mañana. Desde entonces hasta las 5 de la tarde, los pasajeros que vamos arriba, encima de toda la carga, tratamos de hacernos un hueco para tumbarnos debajo del camión y que no nos achicharre el sol. 

  Mi camión no llevaba a tanta gente (pueden ser 130 personas subidas arriba, si el patrón se estira); pero al mediodía era complicado encontrar hueco porque casi no hay sombra; el sol se pone tan vertical que ilumina el fondo de los pozos.   
Como se viaja de noche, hay riesgo real de quedarte dormido arriba del camión y caerte en marcha; pasa con cierta frecuencia. Como mi punto fuerte no es mantener el sueño, procuré hacerme sitio un poco al interior. Aunque hay que estar al loro porque el que se cae, como pille una mano o un pie, arrastra a todos los que pueda. Por lo menos, la arena es más blandita que el asfalto.  
         
  No he hecho referencia a los pasajeros: la mayoría eran emigrantes ilegales de Ghana; Nigeria; Camerún y otros países de por aquí, con el sueño de meterse en Libia y de allá pasar a Italia. 
  Los negros tienen la costumbre de llamar hermano a todo el mundo pero lo que se ve por acá es algo más perro que considerarse hermanos. A todos estos que venían sin papeles, nadie les echa para atrás, pero en cada puesto de control, los policías y los gendarmes les limpian los bolsillos. A la salida de Agadez dijo un gendarme con gesto chulesco que todo el mundo se pusiera en fila; luego cada individuo de la fila le tenía que entregar 10000 francos para tener las cosas en orden.
 

Como yo estaba mirando para arriba sin ponerme en la fila, el poli vino a pedirme el pasaporte con la esperanza de que no tuviera todo en regla. Luego me hizo un gesto con la mano de que le diera dinero pero como yo tenía unas gafas de sol puestas, es fácil hacerse el orejas. 

  Le dije mientras tanto algo para cambiar de tema "vaya viento que sopla en esta zona, hermano; siempre sopla así?" ("hermano" no me parece la manera más apropiada de dirigirse a un policía, pero donde fueres, haz lo que vieres!)
  A la llegada a Dirkú, el pueblo más grande de aquel oasis, había otra parada en el puesto de policía y otra en el puesto de gendarmería, con precio estipulado de 10000 y 5000 en cada puesto, para todos los ilegales. A mí también me pidieron tímidamente, pero poco a poco, cambiando de tema... Mucho más fácil zafarse de los policías corruptos en Níger que en Chad: en todo hay niveles.
  Os presento a uno de los negros que habían llegado a ese oasis tratando de alcanzar Libia. Era un tipo con mucho sentido del humor. Hace meses que me he dado cuenta de que me gusta una cosa de los africanos: tienen sentido del humor. Este tipo buscando el norte, tenía una manera de reírse de sí mismo en aquella situación de empujar la carretilla de agua, que te ponía a reír aunque no quisieras.
 

 

 

Después de que los polis del puesto de Dirkú les dejaran del todo limpios, los infelices venden la ropa que lleven de repuesto y la policía les pone trabajando para sacarles luego el dinero con el que seguir. El trabajo consistía en la venta ambulante de bolsitas de agua fría para beber: unas cinco pesetas la bolsa. De esa forma sacaban unos 15 - 20 Eur / mes; y en tres o cuatro meses tenían como para pagar el trayecto en algún camión del convoy de contrabando de tabaco hasta la primera ciudad libia, unos 800 Km más allá. Y una vez allí, a buscarse la vida otra vez. 
  Con ese sueldazo no se pueden permitir muchos gastos y allá el teléfono es caro: solo hay teléfono por satélite. Alguno me dijo que llevaba 6 meses sin llamar a su familia y suponía que su mujer y sus hijos ya le daban por muerto.
Si no era en el convoy de contrabando, de acuerdo con los policías de frontera del otro lado, entrar en Libia era imposible. También pasaba por allí, de vez en cuando, algún Toyota pick-up cargado de chavalillas de Nigeria para nutrir los burdeles libios. No sé qué les contarían a las chicas o a sus familias antes de hacer ese viaje. Seguramente "te vamos a ayudar, hermana".
    Suerte a los desgraciados que trataban de subir. Por todo lo que me contó allá todo el que había estado, Libia es bastante peor. Allá no se respeta tanto al hermano negro.

 

       
  El oasis tenía 100 km de largo; un viejo pickup comunica, una vez al día, los dos pueblos más principales. El mismo día de llegar, salí para Bilma, un pueblito menor donde me dijeron que era bonito y solía haber un hotel. En realidad, el hotel era más bien una casa particular
Bilma era la imagen típica de lo que uno tiene por un oasis en medio del desierto: agua y verde. En cualquier sitio que se cavara un agujero de dos o tres metros se encontraba agua. Incluso había peces.

El trayecto hacia la próxima población en dirección sur duraba 52 jornadas en camello. Los camiones no solían seguir esa ruta porque no tiene tráfico y si tienen algún problema y se quedan tirados en medio de la nada, puede que no pase nadie en un mes por aquella pista.

 
Gracias a que en medio de ese desierto superlativo había un sitio con agua, podían explotar la mina de sal, entre las 5 y las 10 de la mañana. Aunque después de las 10 ya no trabajan, me pasé por allí a media tarde con un chaval muy majo del pueblo que quería ser amigo mío y enseñarme muchas cosas. El chaval no había salido nunca del oasis; es más, a sus 18 años ni siquiera conocía los pueblos que estaban al otro lado y estaba fascinado por lo que les habían contado en la escuela de las cosas y animales que se pueden ver al otro extremo del oasis. 
Así que Dirkú le parecía una gran metrópoli porque tenía un mercado y todo. Digamos solamente que Dirkú era un pueblo sin telefonía móvil ni fija y donde a menudo no podías comprar algo porque no había en el puesto, ni en los puestos de alrededor, cambios para un billete de menos de un euro
En el viaje de ida al oasis hice migas con un chaval que iba a visitar unos días a su tío en Dirkú. En Níger no hay muchos árabes pero éstos sí eran y se nota en que enseguida te invitan a casa. Cuando volví de Bilma, el pueblo verde con agua, estuve allí un día. 
  Este chaval al que me refiero (retratado con una tarjeta averiada) nació en medio de la savana (es diferente que nacer en medio de la sábana, verdad?), durante una estación de lluvias, probablemente en el año 77 ó 78, no estaba seguro. En cualquier caso, no hacía fiestas de cumpleaños.

Los árabes y tuareg de la savana suelen tener la vida bastante definida desde el principio. No conocen más colegio ni organización social que su familia, sus cabras y resto de familias de la tribu. El colegio no entra dentro de lo que hace una familia decente con los hijos. Con una escolarización del 10-15 por ciento y otros logros espectaculares, Níger y Chad se han disputado durante muchos años el título de "país más pobre del mundo" 

Algo muy grave tuvo que pasar para que este chaval de mezcla tuareg y árabe se encontrara ahora estudiando una carrera en Argel: La sequía de los años 82-83-84 terminó con la mayor parte de los nómadas desde Mauritania hasta Etiopía. Fue uno de los dramas más graves que han ocurrido en la historia de África: se secaron los yerbajos de que se alimentaba el ganado; se secó el agua de los pozos; se secó el mismísimo río Níger; murió todo el ganado y murió mucha gente. Con todo el ganado muerto y sin medios para sobrevivir, los nómadas huyeron hacia la ciudad. Desde entonces, en todas ciudades de estos países hay suburbios de tiendas nómadas, pero sin ganado, pobres de solemnidad. 

 

El tal Mohamed tenía algún familiar en Niamey y sus padres fueron allá. Aunque probablemente era algo grande ya, comenzó a ir al colegio y a lo tonto, a lo tonto, se ha convertido en una rareza dentro de su tribu porque está estudiando una carrera universitaria.

Aquel tipo con tanto sentido crítico mantenía la mentalidad conservadora de desierto y defendía convencido el modo de vida tradicional: "Empezamos a copiar lo que nos enseñan los americanos en la tele y nos queremos olvidar de nuestra propia identidad". Iba a visitar ese mismo verano a un miembro de la familia que, en lugar de casarse con su propia prima, se quería casar con una tipa que ni siquiera era de la tribu. Y entonces, la prima con quién se casa!! Igual se queda soltera o se tiene que casar con vete a saber quién. Si empezamos a casarnos con gente que no es de la familia sino que la has conocido en la calle...  A dónde vamos a parar!

 

Decía Mohamed que las series de televisión sudamericanas, los culebrones, son auténtico veneno y que había que educar a las mujeres que las veían porque las mujeres se casan con 14 años y no han ido a ninguna escuela; no tienen mucho sentido crítico y les va a parecer que el mundo real es eso mismo. Todas estas cosas que vienen con la modernidad y la globalización amenazan el modo de vida y la identidad de las sociedades pequeñas como la suya porque la gente -también los hombres- son analfabetos y quieren creer que todo lo de fuera es mejor. Se lamentaba de la resistencia que siempre habían puesto los tuaregs a que sus hijos fueran a la escuela.

 
Con todas sus ideas tradicionales-reaccionarias en cuanto a muchos temas, creo que el tal Mohamed era, en un sentido, un tío muy cabal y muy sensato.

Sí que las mujeres se portan como niñas pero tiene bastante que ver con que todo el mundo espera exactamente que se porten así. En parte, la gente nos portamos según lo que se espera de nosotros. 

Todas las mujeres de la casa aprovecharon el momento en que los hombres fueron a la mezquita para venir por la puerta de la foto a donde mí y que les enseñara fotos. Al marcharse borraron todas las huellas de la arena y me pidieron que no delatara que habían hablado conmigo. OK tías, el secreto quedará para siempre entre Dios, vosotras y yo.
Ese oasis, además de servir como puesto fronterizo con Libia (a más de 700 Km), también era puesto fronterizo con el norte de Chad aunque es muy raro que haya tráfico porque por todo el desierto de Chad hay bandoleros y cualquier vehículo sufre riesgo real de un asalto. En el desierto de Níger hay bandoleros que roban sin más, pero la etnia que se dedica a asaltar vehículos en Chad, tiene por costumbre matar a la gente. Aunque la frontera libia por el lado de Chad está menos controlada, los inmigrantes no van por allá. Y siempre hay que llevar un arma por si acaso; lo mejor, con mucha diferencia en planicies infinitas como ese desierto, un Khalashnikov.
Durante aquellos días pasó por allá un convoy de tres camiones que iban para Chad; se me ofreció una ocasión poco habitual para unirme pero eso habría sido tenerlos muy cuadraos, mejor ser formal y entrar a Chad por el sur. Me dispuse para volver a Agadez, de nuevo en una ruta de varios días. 
Aunque el mismo camión de la ida estaba listo para volver, los del puesto de policía no le dejaron salir hasta que hubiera otro camión dispuesto, justificado con la idea de no entrar un camión solitario en el desierto. No tenía demasiado sentido porque el otro camión que se estaba cargando para la misma travesía era uno libio, más rápido que el nuestro y nos iba a perder de vista en un par de horas pero bueno, para algo que hace la policía aparte de pedir dinero a los hermanos...
Tenía intención de prepararme y repetir en condiciones, con todos aquellos negros en turbante y desde ese camión en medio del mar de arena, algunas de las fotos que se me fastidiaron en la otra tarjeta. Pero en el momento de la partida apareció, llegado de Libia, un camión francés con dos blancos dentro, con dos turbantes que les quedaban fatal. Me dijo la gente: Mira, tus hermanos!!
Parece que a ellos les dijeron lo mismo y les debió de chocar ver a un blanco allá. Se acercaron para hablar conmigo y ofrecerme un viaje mucho menos masificado en su camión.
No he hablado de las noches en ruta por el desierto encima del camión sobrecargado, tratando de encontrar la posición entre tanta gente apelotonada para ir sentado; no te digo ya si tratas de tumbarte. Cuando te empiezan a dar calambres es muy difícil cambiar de posición porque suele haber tantas piernas encima o pegando a la tuya, que no te puedes mover. Tumbarse y quedar dormido también significa que al despertar no te podrás mover porque tendrás a varios tíos encima "Quién me ha puesto la pierna encima... para que no levante cabeza!" [sic].
Por un lado, en el camión abarrotado no me importaba e iba a preparar y repetir unas fotos bien chulas pero la diferencia de comodidad era demasiada; me fui con los gabachos.
Hay que decir que en el viaje de ida no hubo que pararse nunca para poner las planchas debajo del camión porque se hubiera atascado en la arena. El antiguo Mercedes retirado del ejército francés con que se hacen los transportes en Níger iba despacio pero era mucho camión. Digo en serio, que me recordaba aquella canción de Loquillo. También es cierto que, con mucha sobrecarga, pero consumía casi el doble que el camión que se habían traído los franceses: solamente 200 litros/100Km de arena.

A lo largo de los tres días siguientes, el camión se entorcó varias veces cada día. Aunque no llevando prisa y pasando cada pocos días algún camión por allá, no hay motivo para complicarse la vida.

El conductor del camión del viaje de ida me dijo que otro camión que vimos averiado durante el trayecto había estado parado una semana con... nada menos que un pistón gripado. Mi respeto y admiración ante el mecánico del camión porque no me cabe en la cabeza que se pueda desmontar completamente el motor de aquel gigante en medio de la nada; arreglarlo y montarlo otra vez, limpio de arena y polvo y conseguir que te lleve al destino. Enorme.
Aquí recogimos hasta Agadez a unos cuantos que tenían algo de urgencia, de un camión averiado. Viene bien para cuando te entorcas, así somos más gente para currar.
Y como premio después de sacar el camión del atolladero, una rica cena para todo el mundo con legumbres y salpicón de carne... de cerdo?! Cuando nos dimos cuenta de los ingredientes de las latas que habíamos puesto en la olla era demasiado tarde. Los pobres musulmanes cansados de currar para salir de los atascos de arena, no cenaron muy bien ese día. Ahora, que los dos franceses y yo... 
 

 

Después de volver a Agadez, traté de repetir unas cuantas fotos en el mercado de ganado. Los tuaregs no son tan fieros como los pintan:

Poco más en Níger. O quizá esté mejor dicho, muchísimas cosillas que entender y contar pero procuro no hacer la página  excesivamente pesada. Os dejo con gente de Zinder y de más sitios en mi camino hacia la frontera de Chad. Chad es otra historia. 

 

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